miércoles, 12 de marzo de 2014

El nuevo modelo de organización empresarial



Desde que surgió la máquina, la industria no ha dejado de evolucionar. La Primera Revolución Industrial comenzó a mediados del siglo XVIII, la segunda en el siglo XIX, pero ¿estamos ya en la tercera? En mi opinión la respuesta es contundente, comenzó al final del siglo pasado.
Para que exista una revolución industrial, deben producirse tres acontecimientos básicos. El primero es la existencia de una explosión tecnológica, el segundo, una variación en la forma de trabajar, y el último un cambio social importante.
Estas características se dieron en las dos primeras revoluciones industriales. En la primera, que comenzó en Inglaterra, surgió la máquina y con ella las empresas y la figura del empresario. Emergió la cultura obrera, las personas comenzaron a trasladarse a los centros de trabajo y el clan familiar se fue desmembrando poco a poco.
Como consecuencia de los grandes adelantos científicos del siglo XIX, surgió la Segunda Revolución Industrial. Esta derivó en un cambio importante en la forma de trabajar. El norteamericano Frederick Taylor diseñó la organización científica del trabajo, dividiéndolo en tareas pequeñas y dándole a cada trabajador la más apropiada para ejecutarla en un tiempo determinado, premiándole o castigándole dependiendo de los resultados.
Durante años, las ideas de Taylor y Fayol supusieron un notable aumento de la productividad en las empresas.
Durante el presente siglo, más concretamente en los años 20, el australiano Elton Mayo, adoptó un punto de vista totalmente diferente para resolver el problema del trabajo. Eligió como lugar de investigación la planta de la Western Electric Company. Los estudios que desarrolló allí, llevo a la conclusión de que en una organización el trabajador es, sin duda, el elemento más importante.
Los últimos años se han caracterizado por una explosión tecnológica llamativa en el campo de la informática, el desarrollo de la inteligencia artificial, la robótica industrial, el mundo de las comunicaciones y la aparición de los nuevos materiales. Todo esto ha alterado de nuevo la forma de trabajar, y unido a la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral está provocando un cambio social importante.
Hoy en día, por los hechos comentados, es necesario cambiar en las empresas las estructuras organizativas verticales (consistentes en muchos jefes y pocas personas en el tramo de control de cada uno) por estructuras planas u horizontales.
La organización vertical desaprovecha a los trabajadores, no se delega la suficiente responsabilidad en ellos. En mi opinión, la única manera de afrontar el futuro en todas las empresas u organizaciones es tendiendo a una organización horizontal, donde haya pocos líderes (de gran calidad) y muchas personas debajo de su nivel jerárquico.
Esta es la única manera de aprovechar el potencial creativo de todos, trabajando en equipos multidisciplinares y autogestionados, al mismo tiempo esto es un factor motivador importante y una participación masiva de los empleados en los objetivos de la organización.
Lo que más cuesta cambiar es la mentalidad de las personas: los jefes deben aprender a delegar, a dar autonomía plena. Esto es bastante más difícil de lo que parece, es una cultura que se debe adquirir poco a poco. Por supuesto, la persona en la que se delega debe asumir esa responsabilidad dando confianza a su jefe, cumpliendo los objetivos establecidos.
En la actualidad las empresas se encuentran con un mercado rico y saturado donde prima el servicio al cliente. Esto les obliga a ser cada día más flexibles y dar respuesta inmediata a la demanda. La única forma de poder ser eficaz es que todos sus empleados trabajen con responsabilidad y sean mutifuncionales.
Navegar en el entorno turbulento actual, difícil e inestable por la alta competitividad existente es complejo. La planificación de cada ejercicio empresarial debe contemplar todos los años una mejora en eficiencia y eficacia respecto al ejercicio anterior con las mismas personas, e incluso en ocasiones con menos.
Se estrechan los ciclos de vida de los productos ante la necesidad de satisfacer al cliente, que se ha vuelto caprichoso, y también para no dejar reaccionar al competidor.
Se aplica de continuo la reingeniería de procesos con objeto de lograr la optimización del costo, la máxima calidad del producto y el mejor servicio, ya que cada ejercicio los costos de salarios, materias primas y energía eléctrica aumentan al ritmo del costo de la vida.
Las empresas disponen de lo mejor en el campo técnico: computadoras, maquinaria avanzada y procesos altamente mecanizados, pero los triunfos o fracasos de las empresas dependen de las personas. Su valor es más importante que nunca.
Las personas son el principal activo de las organizaciones, por encima de los activos materiales y financieros. Son las mentes creativas de las que depende todo el proceso industrial: diseñan el producto, gestionan los aprovisionamientos, planifican la producción, controlan el proceso y la calidad, comercializan los productos y establecen los objetivos y estrategias de la organización.
Las personas son la clave para que las empresas, sujetas al cambio continuo, puedan lograr sus objetivos en el mercado competitivo de hoy.
La competitividad nos ha hecho asistir a la quiebra de muchas organizaciones empresariales. Pero otras se consolidan y emergen con pujanza: se trata de aquellas que un día decidieron afrontar el reto de cambiar su modelo de organización y apostar por las personas.

Angel Baguer

                                                                                                                                             Fábrica China